miércoles, 8 de abril de 2020

DIARIO DE UNA CUARENTENA (DÍA VEINTICINCO)


   Todos los días me digo que va a ser el último  que escriba en el blog, pero a última hora me entra una especie de culpabilidad que me hace sentir mal, como si me estuviera traicionando a mí misma por abandonar algo que se ha alargado mucho más de lo que imaginé.  Creo que debo seguir, aunque no tenga muchas cosas que contar, aunque me suponga un esfuerzo que nadie me obliga a  hacer. Tengo que hacerlo porque cuando pasen muchos años, quiero recordar estos momentos que he vivido, que hemos vivido todos. 
   Hoy he hecho una clase de yoga en directo por Instagram. Mientras estábamos haciendo la clase, más o menos sobre las siete de la tarde, se empezaron a oír voces y una música que no pertenecía a la clase. El profesor empezó a bromear y nos contó que tenía un vecino con un equipo de música muy potente y con un micrófono que se dedicaba a animar a la gente antes de salir a aplaudir al balcón. Al principio resultó gracioso, pero después la música fue aumentando de volumen y la verdad es que aunque intentaba concentrarme en la respiración y las posturas de yoga, me resultaba imposible no escuchar “la macarena” o el “hola don Pepito, hola don José “ y eso me lleva a preguntarme si no nos estaremos animando demasiado con lo de los aplausos, porque no es lo mismo empezar diez minutos antes a animar un poco que una hora antes...no sé si todos los vecinos participarán en la fiesta o habrá a quien le moleste porque tenga que trabajar o quiera estar tranquilo . En cualquier caso, no son mis vecinos, que se limitan a aplaudir y poner el resistiré, sino los vecinos del profesor de yoga, así que no le prestaré más atención. Ya ha dicho que el próximo día escogerá otra hora en la que no haya tanto jaleo y se pueda meditar un poquito después de la clase, hoy ha sido imposible. 

   Cambiando de tema, me temo que este año me voy a quedar sin comer torrijas. Ayer fue mi hijo a hacer la compra a Mercadona y ya no había pan para torrijas, ni kiwis, ni carne, ni patatas....y la verdad es que me ha dado apuro volver hoy solo para comprar el pan, porque en realidad un producto de primera necesidad no es...¿o si?

6 comentarios:

Tracy dijo...

Tú sigue con tu diario que a ti te sirve y también a los demás.
Besos

José Antonio López Rastoll dijo...

Lo que escribes me sirve para saber que no estoy solo y que no soy el único que se queda sin comer torrijas.

Un abrazo.

Albada Dos dijo...

Mira qué bien, yoga por la red. Me parece sensacional. En mi zona no se arma jaleo antes de aplaudir, y poquita cosa, y oye, sigue escribiendo, que no haremos cosas extraordinarias, pero estamos llevando el día a día extraño de maneras más que ingeniosas

Un abrazo y a seguir con el yoga, yo sigo con la elíptica :-)

Charo dijo...

Gracias por los ánimos! Lo intentaré!
Un beso

Charo dijo...

El próximo año nos vamos a resarcir los dos y a ponernos morados de torrijas jajajaja!
Un beso

Charo dijo...

Lo importante es no estar parado ni física ni mentalmente!
Dale duro ala elíptica!
Un beso