TÍTULO: PLENILUNIO
AUTOR: ANTONIO MUÑOZ
MOLINA
EDITORIAL: ALFAGUARA
AÑO DE PUBLICACIÓN: 1997
GENERO: POLICÍACA
SOBRE EL AUTOR:
Antonio Muñoz Molina nace en Úbeda (Jaén) en 1956. El Invierno en Lisboa (1987) le
proporcionó el Premio Nacional de Literatura y el de la Crítica. En 1991 obtuvo
el Premio Planeta por El jinete polaco. Otras obras suyas son: Beatus
Ille, Las otras vidas, Beltenebros, La noche de los tiempos y Como la sombra
que se va, entre otras.
RESUMEN:
En una ciudad de provincias,
alguien con un rostro soluble en los demás rostros esconde el enigma de un espantoso crimen.
Es preciso encontrar su mirada entre la multitud, descifrarla, para conjurar el
horror.
OPINIÓN PERSONAL:
Este año he empezado a asistir al Club de Novela Negra de la
biblioteca de Aranjuez, ciudad en la que vivo, por lo que en esta ocasión y en todas las novelas que reseñe en esta
nueva sección (Club de Novela Negra), no solo expresaré mi opinión sobre lo que
he leído sino que influirán también las opiniones de los demás miembros del club y de
la conductora del mismo. Aprovecho para decir que estoy encantada con esta
nueva actividad que me resulta muy interesante y enriquecedora.
Creo que lo
primero que debo decir es que aunque la novela esté encuadrada dentro del Club
de Novela Negra, no puede considerarse una novela negra al uso, pues no dedica
demasiado tiempo a exponernos el curso de la investigación sino que se centra
principalmente en mostrarnos los sentimientos de cada personaje, incluido el
asesino. Sin embargo, sí tiene un
componente de crítica social y política que caracteriza al género negro, teniendo en cuenta la época en que se desarrolla la novela, entre
los años 92 y 95, en los que el
terrorismo en España estaba en pleno apogeo.
Así, la vida
del inspector encargado del caso, del que nunca llegamos a saber su nombre, se
encuentra especialmente marcada por su pasado en el País Vasco, amenazado en todo momento por la banda terrorista E.T.A., y a la que hace mención en continuos flashback que va
mezclando con el presente, en el que ahora es
él el que busca al asesino ("...Ahora iba por la calle no temiendo que lo
buscaran y que lo siguieran, sino buscando él..."). El presente y el
pasado del inspector se muestran también en la figura del padre Orduña, un
jesuita fundador del internado en el que estudió de pequeño, al que vuelve a
visitar meses después de llegar a la ciudad, con el que seguirá manteniendo
relación y por el que siente una gran ternura, aunque no quiera recordar su
niñez por los remordimientos que le provoca. El inspector es un hombre solo,
con un oscuro pasado que iremos descubriendo poco a poco, con un gran
sentimiento de culpa y de responsabilidad hacia su mujer, internada en un
sanatorio mental, a la que visita solo por lástima y por rutina al que, sin
embargo, la vida le ofrece otra oportunidad al conocer a Susana, la maestra de
la niña asesinada.
Susana es otro personaje solitario,
marcado por un doloroso pasado
sentimental, por la infidelidad y el
abandono de su marido y la incomunicación con su hijo adolescente,
gastada por el trabajo con los niños y desalentada de la educación, pero
dispuesta a aprovechar la oportunidad de resarcirse.
El asesino, del que tampoco nos dice el
nombre, es otro ser marcado, en este caso por un complejo de inferioridad,
reprimido sexualmente, obsesivo, insomne, misógino, que odia y desprecia a sus
padres por su vejez, envidioso de la vida y de los trabajos de los demás, que
se excita solo cuando siente su superioridad
con las víctimas y con el peligro de ser
descubierto por la policía.
En cuanto a la estructura de la novela, fue
bastante novedosa en su época, no es lineal sino que va saltando de un capítulo
a otro con diferentes protagonistas, enlazándolos entre sí pero no
siguiéndolos. El narrador es omnisciente, se mete dentro de cada personaje y
nos lo cuenta todo desde su punto de vista, lo que hace que nos impliquemos más
con cada uno de ellos, llegando a
empatizar no solo con las víctimas sino en algunos momentos incluso con
el asesino, lo que nos produce cierta sensación de malestar, y del que sabemos absolutamente todo lo que
piensa en cada momento.
La acción transcurre muy lentamente, los
párrafos son largos y llenos de información y la escasa presencia de diálogos
puede producir en algunos lectores una sensación opresiva, de angustia, de no
poder respirar, por lo que puede resultar difícil de leer si te gustan las
novelas más dinámicas. Es una novela que requiere mucha concentración para leer,
que no ofrece ningún momento distendido, en la que todos los personajes son
densos y todos principales, con cambios temporales continuos, en la que el
desarrollo de la investigación no es lo principal, porque desde el principio
sabemos quien es el asesino, que transmite mucha tristeza, sufrimiento, odio,
desesperación, aunque no está exenta de algunos momentos de
ternura.
En resumen, para mí es una novela que
habla sobre todo de los sentimientos de los personajes, de acción lenta, pero
que sabe mantener la tensión narrativa, con un final abierto y muy
cinematográfico, que no deja ningún cabo
suelto y maravillosamente escrita.